“A dar el fua” en el Provencio, ¡como nunca antes!

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El 13 de agosto salió de Madrid un pequeño comando madrileño hacia la villa de El Provencio, en Cuenca, donde esperábamos encontrarnos con nuestras compañeras de la Tuna femenina de CCSS de Málaga para participar con ellas en el certamen que en esta villa se celebraba. Llegamos a tiempo de las cañas pre-comida, donde nos encontramos con muchos de nuestros amigos de otras partes de España. Después de una alegre y llena de música comida, nos retiramos para practicar un poco antes de la actuación definitiva, que se llevaría a cabo un par de horas más tarde. No debimos hacerlo del todo mal cuando nos concedieron dos premios: tuna más tuna y mejor pandereta.

Animadas por este éxito, y una vez terminadas el resto de actuaciones, nos disponíamos a salir de fiesta, pero aún nos quedaba una última sorpresa esa noche. Felicidades por su ascenso a medias blancas a nuestras compañeras de CCSS: ¡Tragasables, Obregón y Yao! Después de este grato acontecimiento, ya sí, nos fuimos a darlo todo hasta que el cuerpo aguantara (o como dirían nuestras malagueñas: “a dar el fua”).


A la mañana siguiente decidimos ir a refrescarnos a la piscina municipal de El Provencio donde, después de un breve momento de tranquila ociosidad, celebramos unas reñidas pardiolimpiadas entre las novatas de las dos tunas femeninas primero, y luego con la participación de Orihuela y de un novato “improvisado” que no pudo evitar la tentación de unirse cuando vio lo bien que nos lo pasábamos.

Ya por la tarde, nos pusimos el grillo y nos reunimos con las demás tunas para dirigirnos a la iglesia del pueblo, a donde llegamos en pasacalles para cantarle a la Virgen mientras se llevaba a cabo la ofrenda floral, lo cual fue una experiencia realmente bonita.

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Esa noche ya sería la última que pasaríamos allí, de modo que teníamos que aprovecharla al máximo (también conocido como tener una excusa para estar más horas dando el fua), cosa que hicimos hasta que se nos acabó la noche. Inexplicablemente, durante el viaje de vuelta el comando madrileño cayó en los brazos de Morfeo. Lo bueno, que el trayecto se nos hizo muy corto. De este viaje nos hemos llevado muchas risas, anécdotas, momentos profundos, nuevos amigos, numerosas enseñanzas (tanto musicales como personales), y unos lazos fortalecidos con aquellas personas con las que hemos tenido la suerte de compartir este certamen. Y ya solo me queda decir… ¡Aúpa tuna!