Ferias en Alcalá de Henares: fans, madres y helados… hubo de todo

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Tras un relajado ensayo, un destacamento de la muy andariega TUCM nos dirigimos al cercanías, y cantando una canción con el nombre de cada estación de tren nos dirigimos a nuestro destino. Próxima parada: Alcalá de Henares (de la lengua y la cultura tú eres gloria…🎶).
Nos encontramos con nuestras compañeras al comienzo de una de las calles más conocidas de la ciudad: “la Calle Libreros”, entre las terrazas de la cual se oía mucho aquello de “¡Anda, mira! ¡Una tuna de chicas!” pronunciado por asombrados labios.
Tras satisfacer a nuestros estómagos, necesitábamos hidratación. Al pasar junto a uno de los bares, un grupo de alemanes nos pidieron una canción para animar el cumpleaños que estaban celebrando. Por supuesto, nos adaptamos a todo. Cumpleaños feliz, happy birthday to you y alles Gute zum Geburtstag, o algo parecido. La primera ronda, ¡a su alemana salud!
De pronto, apareció un soldado imperial que se casaba al día siguiente y al que amenizamos parte de su última noche de soltería.
Poco después, casualmente, llegaron por allí los padres de Barriguitas, y había que cantarles algo. Incluso gozaron de un solo cantado por su hija (menos mal que el amor de una madre es incondicional…). Después del citado debut en el mundo de los solistas, nos merecíamos (sí, todas, en la tuna se comparte todo) una dulce recompensa. Y por casualidades del destino, estábamos paradas en frente de la heladería más antigua de Alcalá, y los trabajadores nos pidieron que entráramos a cantarle algo al jefe. El señorito se puso del color de un heladito de fresa, pero lo disfrutó casi casi tanto como nosotras disfrutamos el helado al que nos convidaron después.
Al salir de la heladería nos topamos con la familia de nuestra integrante más reciente, Yaiza, y por supuesto ellos también merecieron una pequeña ronda bajo la luz de la luna. Las terrazas empezaban a recogerse, y buscando un lugar más animado, nos encontramos con alguien que se autodeclaró nuestro mayor fan y que, con ánimo de demostrarlo, nos invitó a unos chupitos de un tequila inolvidable, tras los cuales entró en la escena la tuna de Alcalá. Una parte del grupo se fue a la zona del centro a seguir con la fiesta. La otra parte, nos fuimos a la feria, donde haríamos nuevos amigos. Aunque más que oírnos, intuiría lo que estábamos cantando, conseguimos hacernos un hueco en el ruido de la feria y llegar hasta el corazoncito de nuestra nueva amiga Ana, una chica de México de viaje por España. Nuestra aventura acabó poco después, pero al otro grupo debía ser que le daba miedo volver a casa por la noche, porque volvió bien entrada la mañana. Sí, sería eso…