La tuna también puede ser “typical sevillanish”

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Hace años, se instauró en Sevilla la tradición de que la tuna fuera a rondar el día que se celebra su festividad a la Virgen Inmaculada, al pie de la estatua que se encuentra en la Plaza del Triunfo. Esta tradición fue poco a poco ejerciendo de imán para las demás tunas sevillanas, que empezaron a tomarlo como costumbre propia. A su vez, tunas de otras provincias españolas empezaron a acudir para asistir a la celebración (aunque la ronda a la Virgen siga siendo algo propio de las tunas de esta ciudad). Así, un comando de esta Tuna migró a tierras más cálidas durante algunos días.
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Poco después de llegar nos reunimos para cenar con las demás tunas femeninas que habían acudido, para después ir a la vigilia de la Inmaculada. Y la libre por el monte, y la tuna por el bar… que en uno nos reunimos casi todas las tunas después de las actuaciones ante la Virgen. Se vieron encuentros, risas, bromas… auténtica euforia. Es increíble lo que puede unir la música. Y no es que seamos fiesteros, pero es que volver a casa por la noche en una ciudad que no es la tuya siempre intimida, así que no hubo más remedio que quedarse de fiesta hasta que amaneció.
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Al día siguiente recorrimos el casco viejo de la ciudad, y en el proceso conseguimos algunos recuerdos “typical sevillanish” y tuvimos un breve pero intenso romance con dos sevillanos a los estuvimos cantando, antes de reunirnos con las salmantinas y el resto de nuestro grupo.
Parche, bares, juegos de cartas, rondas tan improvisadas como sentidas a profesores de universidad y a participantes de programas de televisión… Acabamos rondando a unos portugueses que nos invitaron a tomar algo en su casa. Después, una parte del grupo se batió en retirada, mientras la otra salía a explorar Sevilla en esta última noche del viaje en la que nos enamoramos otra vez de la luna, y vistiendo el jubón de la tuna miro a las estrellas… ¡Y echo a volar!